5/02/2006

Glenn dio el primer paso, reconocer la culpa

Que no grite Puerto Rico, que digan algo los comunicadores

Martes, 2 de mayo de 2006

Por Glenn Monroig
Cantautor

Y bien… El Gangster y Funky desde su púlpito del Bayú organizaron “Puerto Rico grita” y crearon una movilización masiva para “educar a los políticos”.

¿No sería mejor elegir políticos educados? ¿Que hayan recibido como mínimo la educación que se nos da en casa cuando pequeños? ¿La que establece que el bien colectivo se antepone al individual? Recuerden que el político es ciudadano antes de ser político. Así que si no producimos ciudadanos educados, ¿cómo exigirle educación a los políticos? ¡Qué jerigonza existencial! ¿ah?

Educar a los políticos ¡Qué bien! Me parece una labor encomiable. Una labor de la talla de un Silverio Pérez, uno de mis comunicadores boricuas favoritos. Sin embargo, ¿no es paradójico que haya comunicadores que se unan a una coalición que luche en contra de algo que su misma forma de comunicar ha creado?

Hablo de los que llevan años capitalizando con la enajenación de la conciencia colectiva del país. Nos han legado una sociedad con tal doble escala de valores que se aventura a elegir un gobierno compartido a sabiendas de que va a estar compuesto por seres de una raza que, por llegar primero a donde vamos, somos capaces de cañonear nuestra ruta en la carretera psicopáticamente sabiendo que hacemos de nuestra calidad de vida una de las peores al conducir así. ¿Por qué exigirle al Gobierno la conciencia colectiva que no exhibimos día a día en la calle nosotros mismos? ¿Quién crea la conciencia pública que permite que seamos presa fácil de estos titiriteros del dogma que corren esto como su finca desde hace años? Ahora, por fin, ha llegado el momento en que nos toca pagar por ese desinterés moral. A ellos, a nosotros… A todos.

Estos “entertainers” han forjado sus carreras a base de una demagogia parecida a la de los políticoslas suyas. Si en Puerto Rico muere un tanto por ciento de mujeres a manos de sus cónyuges equis veces al mes. Pero ¿por qué eso no es un buen tema para tocar en la radio en la mañana, aunque sea en sátira? No lo sé. Sólo se ve en las vocéricas noticias a través de la foto grotesca del cadáver de la madre de algún niño testigo del mórbido suceso.

Tampoco es tema que ninguna cantante toque en un concierto en el Choliseo. Así es que, que sus “fans” leen de estos problemas nuestros en el periódico y nerviosamente pasan a la oferta del “shopper” que queda a mano derecha. “Nadie vende discos u obtiene ‘ratings’ tocando la llaga de lo que nos hace infelices”. Pero, ¿no es esa la verdadera función del comunicador? Quizá no todo el tiempo, pero gran parte de él, sí debiera serlo.

Yo juro por la memoria de mi padre, que es muy buen negocio hablar, cantar, escribir, pintar, componer sobre lo que nos afecta y duele a los seres humanos. No de lo trivial. De lo profundo, de lo que hace que los males se arranquen de raíz, no podarles por hacer nuestro día a día más estético. Sin temor a ser redundante, pienso que al artista identificar “a profundis” lo humano nos humaniza a todos y sabe Dios si hay algo que haga más falta en el mundo que eso.

Bueno, ¿y ahora qué, compañeros? Hablando siempre de darles lo que la gente quería y no de lo que verdaderamente necesitaba. No bastaba con entretener, pues mientras más simple era el entretenimiento más bajaba la capacidad de análisis nuestra.

Nos hemos hecho una lobotomía cultural nosotros mismos, y ahora queremos echarle toda la culpa sólo a los políticos. La patria se hace en casa. El que altera la constitución genética de la comida que produce para que dure mucho en la despensa y tiene hijos, eventualmente tendrá que bregar con que ellos coman lo que él produce. ¿Cómo podemos pretender no comernos esto con lo que se ha sembrado? Lo que nos toca vivir hoy día es sólo el efecto, no la causa. De haberle hablado con conciencia y voz templada a nuestro pueblo sobre los escenarios a tiempo, tal vez no habríamos tenido que gritar junto a él en las calles en un momento en que roguemos a Dios, no se nos haya hecho demasiado tarde.

“No somos nada sin una opinión, hay que asumir una posición/ Se quema la casa mientras la nación mira la televisión…” (Se quema la casa, 1988).

Penosamente, Glenn Monroig

P. S. Sé que me caerán chinches. Pero tapando el cielo con la mano jamás saldremos de donde estamos.

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